Revoluciones
Tanto la Sociología como la Ciencia Política han intentado comprender las revoluciones, analizando sus métodos, sus marcos de definición, y los diferentes modelos explicativos.
Existen grandes desacuerdos entre las diferentes teorías a la hora de explicar las revoluciones, y aunque todas resultan válidas, personalmente me decanto por buscar explicaciones multicausales, pues cada revolución es diferente. Aún encontrando ciertas regularidades, tenemos que tener en cuenta, el entorno tanto externo como interno y las circunstancias internacionales, pero también la lucha por el poder de grupos organizados contra el gobierno, el sentimiento sobre las injusticias y las privaciones de derechos o la reacción de ciertos grupos ideológicos frente a los graves desequilibrios sociales.
Me gustaría centrarme en un tipo concreto de revoluciones, las llamadas revoluciones sociales. Definidas desde una perspectiva marxista se presentan como un tipo a parte de las demás revoluciones, caracterizadas por cambios básicos en la estructura social y en la estructura política que ocurren al mismo tiempo y como consecuencia de intensos conflictos sociopolíticos derivados de la lucha de clases. Esta visión, que sigue siendo muy útil en nuestra convulsa actualidad, complementa bien con las visiones que no tienen en cuenta los cambios estructurales, o con aquellas visiones que identifican la clave del cambio revolucionario en la reorientación de valores sociales. Por otro lado, no podemos dejar a un lado aquellas otras visiones que por ejemplo hablan sobre el desequilibrio del sistema, la perdida de legitimidad de la autoridad y de la conversión ideológica.
Debemos tener en cuenta que estas revoluciones a menudo suponen la generación de conflictos violentos, a menudo guerras y como desgraciadamente hemos podido comprobar en los últimos años, acciones terroristas por parte de los grupos que han decidido utilizar las armas para luchar por sus objetivos. Se trata de la lucha por el poder, por parte de grupos con una organización, aunque disfrazados de un nacionalismo tradicional, tribalismo o comunalismo.
Las “nuevas guerras”
Si analizamos lo que ahora denominamos “nuevas guerras” y hacemos una detenida reflexión, podemos definirlas como un fenómeno contemporáneo que tienen su origen principal en la globalización, como fenómeno que destruye o al menos modifica sustancialmente las divisiones económicas sociales y políticas de la era moderna y que es el detonante principal de los conflictos sociales que pueden terminar en conflictos violentos.
Y es que, este proceso globalizador, desintegra las culturas nacionales para sustituirlas por redes transnacionales caracterizadas por una cultura horizontal de consumo, bajo un sistema político neoliberal capitalista. En realidad, tal y como señalan autores como Kaldor en su libro Las nuevas guerras p.95 Barcelona, ed.Tusquets, 2001:”El término globalización esconde un proceso complejo que en realidad, supone globalización y localización, integración y fragmentación, homogeneización y diferenciación”.
El proceso globalizador crea redes transnacionales y globales de individuos, pero la gran mayoría quedan excluidos, lo que provoca que una gran cantidad de personas que se sienten profunda y negativamente afectadas este fenómeno, que se genera muy lejos del lugar en donde viven, tengan un gran sentimiento de frustración e impotencia. Sentimientos que han ido en crecimiento en las últimas décadas gracias a la aparición y difusión de las tecnologías de la información y la comunicación. Además, cada vez más decisiones políticas se toman fuera del ámbito estrictamente nacional, en organizaciones que a menudo no responden ante nadie y que protegen los intereses puramente económicos de las grandes empresas transnacionales, lo que ha producido una reacción mediante reafirmación de políticas locales y regionales.
Por si fuera poco, esta globalización ha producido unos cambios significativos en la estructura social, las viejas clases trabajadoras tradicionales han disminuido y la gran mayoría de los trabajadores realizan su actividad en el sector servicios o como sucede, como consecuencia de la actual crisis, pasan a engrosar las listas del paro, lo que nos ha conducido a una gran disparidad en los ingresos a menudo relacionados además con diferencias geográficas dentro de un mismo continente, pero también dentro de un mismo país o región, diferencias que son aprovechadas por las empresas transnacionales para abaratar los costes de producción.
De alguna manera, podemos decir, que existe una sensación de que la era de los Estados Nación, que producían un sentimiento de identidad nacional, de unidad, de seguridad, se ha acabado, al menos en parte, ya que a su vez se está produciendo un fenómeno de contra globalización, mediante el afianzamiento y a menudo radicalización de las identidades culturales, que han acabado en guerras o en acciones terroristas con demasiada frecuencia.
Pero identificar zonas excluidas de este supuesto progreso que ofrece la globalización, compuestas por determinados países o territorios a menudo en las periferias de los países mal llamados avanzados es un error, ya que muy a menudo estos excluidos también se encuentran entre las personas que vivimos en ellos. Los procesos de globalización de las finanzas y de los mercados, en definitiva el sistema económico capitalista neoliberal nos ha llevado a la actual crisis caracterizada por los altos índices de paro, los recortes de derechos sociales, el empobrecimiento y la exclusión de millones de personas.
Es por todo ello que se han generado en todo el planeta, movimientos que reivindican el poder estatal y que a menudo se manifiestan bajo un renacer religioso, o bajo un interés renovado por conservar lenguas locales, o culturas, como una forma de resistencia a la potencia de los procesos globalizadores. Son los llamados nacionalismo, pero se equivocan aquellos que afirman que en el mejor de los casos, la política de identidades supone una discriminación psicológica contra los que tienen una etiqueta diferente, o aquellos que afirman que en el peor de los casos provocan la expulsión de poblaciones y el genocidio, ya que existen ejemplos, de movimientos de reivindicación de las culturas locales, como los indígenistas que no suponen expulsión o la discriminación de partes de la población, sino que surgen como reacción a la globalización y a sus efectos perversos. No obstante es evidente la relación entre ciertos nacionalismos excluyentes y la violencia.
Analizando la actual crisis económica consecuencia del capitalismo neoliberal del que se sirve la globalización, la fuerza de los estados y la necesidad de recuperar los sentimientos de identidad común y de celebración de la diversidad de identidades mundiales, es más que nunca imprescindible.
Terrorismo
El terrorismo como hecho social violento surge como consecuencia de un caldo de cultivo ya existente y de un detonante. Se trata de una forma de violencia política, su propósito es el de influir en la realidad política ya sea transformando la estructura de poder existente o con la intención de preservarla mediante un terrorismo de estado. La multitud de explicaciones sociales que se dan sobre el terrorismo a menudo, son fruto de simples proyecciones de prejuicios ideológicos o teóricos. De aquí el acierto de aquellos que afirmamos que debemos analizar la lógica del terrorismo como un hecho social relevante.
Al igual que la aparición de los revoluciones y el surgimiento de los nacionalismos, el terrorismo nace de la emergencia de un grupo o de grupos de personas que ponen en cuestión la legitimidad del orden sociopolítico vigente, de un cuestionamiento de orden económico, político o cultural, la gran diferencia es que en un determinado momento ese grupo decide utilizar la violencia para lograr sus objetivos.
La relación entre privaciones económicas y violencia política no responde a un patrón simple, la mayoría de los pobres están demasiado ocupados consiguiendo ingresos y alimentos. Es más fácil que el fenómeno del terrorismo se de el aquellos países o territorios que se encuentran en una posición intermedia entre los más pobres y los más desarrollados, pero que encuentran grandes dificultades para salir del subdesarrollo. Aún así, parece que no se puede dudar que el terrorismo puede estar de alguna manera influido o al menos condicionado por causas económicas políticas o culturales.
No obstante, las causas reales del terrorismo varían considerablemente de unos casos a otros, cobrando gran importancia las condiciones sociales. A veces los terroristas responden ante situaciones de desigualdad, de injusticia, de ausencia de libertades, pero muchas veces estas situaciones no llevan a la practica del terrorismo, se sobrellevan con resignación, además el terrorismo, como desgraciadamente hemos podido comprobar, tiene también lugar en países prósperos y con democracias avanzadas, es más suele ser más común que el los regimenes autoritarios, ya que estos se encargan de reprimirlo de forma mucho más contundente.
Por otro lado, hay que señalar que el nacionalismo y las religiones políticas fomentan el terrorismo en algunos casos, pero ni mucho menos en todos, por lo tanto la explicación tanto del terrorismo como de las revoluciones o de las guerras, solo se puede hacer desde explicaciones multicausales diferentes en cada caso, independientemente de que se puedan encontrar ciertas regularidades.