Glucksmann realiza un repaso sobre la situación en África, y el cambio que se produjo tras la emisión en la CNN y en otras más de cuarenta cadenas de televisión de todo el mundo, de la agonía de niños en los campos de refugiados de Etiopía, convirtiéndolo en un acontecimiento mundial, que multiplicaría el flujo de ayudas gracias a la cantidad de información que se produjo.
Su tesis parte de que el flujo de información y el flujo de las ayudas se corresponden de tal manera que si cortas o acabas con una también acabas con la otra. Cree necesario que puesto que el futuro de los países pobres depende de la solidaridad y de la ayuda de los pueblos más afortunados, es necesario que las noticias circulen, que se conozcan las necesidades reales y se que controlen los esfuerzos, y los resultados, ya que sino la aventura de la solidaridad telemundial y electrónica es aplastada antes de existir.
Y es que desgraciadamente, la corrupción el egoísmo y la malversación es universal, y más en estos países por lo que mucha parte de la ayuda es desviada o mal repartida, muchas veces con el silencio cuando no la complicidad de organismos, organizaciones internacionales, y ONGs.
El libro hace hincapié en la situación de Etiopía que sin duda refleja muy bien lo que sucede en muchas partes de África, principal objetivo de las ayudas internacionales, se trata de un país Socialista, que como tal, a conseguido la destrucción del tejido social campesino, de su modo de producción, y de su red de ayudas mutuas que mantenía la base de a vida en el campo, lo que les ha hecho extremadamente vulnerables a la variaciones climáticas, como la sequía.
Han repetido los mismos errores que la China Comunista o de la antigua de la URSS, así se apunta muy bien con datos en el libro, haciéndonos ver grandes similitudes, el problema es que en Etiopía el clima y la escasez de lluvia ha hecho que los observadores extranjeros se fijen en este fenómeno ocultando el problema político que subyace y que ha destruido el tejido social y la red de apoyos del mundo del rural agrícola.
Desde el punto de vista de la comunicación, y la opinión pública, señalar, que como dice el autor del libro, hay que partir de la máxima de que una catástrofe que no sale en la televisión no existe.
Como las autoridades Etíopes no podían ocultar el desastre de la epidemia de hambre, lo que hicieron fue elegir el mejor momento para explotarlo, la propaganda etíope al más puro estilo comunista tenía dos posibilidades, dos estrategias de comunicación, silenciar, disimular o mentir o sacar el máximo provecho de las desgracias naturales o provocadas de su propio pueblo, se eligió esta segunda opción, dejando que fueran las agencias, organismos y organizaciones internacionales, junto con los medios de comunicación, los que silenciaran lo que realmente estaba pasando.
Esta manipulación de la información, ha sido estudiada por los sociólogos occidentales que se centran en los efectos endógenos de la libre circulación de las imágenes, que realmente se limitan solo a las zonas donde existe democracia, y también ha sido estudiada por los especialistas soviéticos que se centran en los efectos externos o exógenos, de tal manera que sus estudios van encaminados ha analizar los resultados que se obtienen al sacar fuera de las fronteras unas imágenes que previamente han sido seleccionadas para que circulen por las redes occidentales. Como bien dice el autor, el antiguo poder soviético, reflejado también en Etiopía, ha conseguido los más burdos pero sin embargo más eficaces montajes.
De esta manera, vemos como un país azotado por el hambre y con deseos de acudir a la ayuda internacional, utiliza sin vergüenza alguna, los campos de refugiados y por lo tanto el sufrimiento de las personas, para provocar en la opinión pública internacional una serie de reflejos condicionados, una conmoción que no deje lugar a la reflexión y que imposibilite una verdadera información objetiva del porque se ha llegado a esa situación.
Se crea así, una opinión a través de la visión de las miserias y calamidades de los campos de refugiados, que inducen a apreciar la situación en un conjunto que no es real, y a magnificar la catástrofe, dentro de lo gravísimo que es la muerte de personas por falta de alimento. Se trata pues de una opinión manipulada, y orquestada por las autoridades, con la complicidad por acción u omisión, gracias a su silencio, de organismos y organizaciones internacionales y ONG,s, o por la falta de información veraz gracias a los bloqueos constantes de los gobiernos, que solo enseñan lo que quieren que se vea, los propios periodistas e informadores de las organizaciones internacionales, son conducidos por personal de seguridad del gobierno y vigilados constantemente para que no se salgan de su itinerario.
Todos los periodistas que han llegado a Etiopía después del reportaje, también guiado de la BBC, han sido llevados, por decirlo de una manera suave, por donde han deseado las autoridades, por donde más les ha convenido, con el objetivo de conseguir la ayuda necesaria a través de la búsqueda de las emociones, de tal manera, y como comenta el autor, el verdadero culpable se convierte en juez y el testigo se convierte en acusado.
Parece que cuanto más endógeno es el origen del hambre, debido a guerras o ha errores económicos por ejemplo, mayor es la generosidad occidental. Paradójicamente como señala el autor, aunque el se centra en los países comunistas, lo cual creo que es un gran error, pues no solo pasa en países con ese sistema político, estas epidemias de hambre han sido muy bien vendidas a pesar de que sus orígenes son generalmente políticos.
Vemos pues como los gobiernos de ciertos países, no solo comunistas, a pesar de que el autor se centra en ellos, no solo rentabilizan el sufrimiento de sus pueblos, sino que además son expertos en buscar culpables fuera evitando cualquier responsabilidad para aprovecharse de la mayor cantidad de ayuda posible. De esta manera apelan al sentimiento de culpabilidad de los occidentales “ricos” que acaban convencidos de que existe una relación entre su bienestar y la desgracia de estos pueblos, su confesión de culpabilidad inducida, acaba transformándose en aportaciones para la ayuda a estos territorios.
Como muy acertadamente señala el autor, se encierra al donante en la lógica del perdón para anular su espíritu crítico. Si las causas no se vieran como naturales o debidas al aprovechamiento y explotación de occidente sobre estos territorios, y se vieran como causas políticas, la ayuda no llegaría de la misma manera.El mecanismo es perverso, el acusado ahora se ve obligado a justificar su actitud constantemente, lo que no le permite ver la realidad de los hechos que acontecen, y además a las afirmaciones de que el hambre es una catástrofe debido a causas naturales que afecta a los países pobres debido a la indiferencia de los ricos, se suman las sugestiones implícitas de que además también los pobres mueren por la hostilidad de la política de lo los poderosos, el resultado lleva a dos conclusiones peligrosas, el hambre nunca es política, pero la ayuda si lo es.
La difusión por la BBC del sufrimiento de los niños de Korem y la desesperación de los refugiados de Makale estremeció a las audiencias de medio mundo, especialmente a las británicas y americanas, pronto una avalancha de donaciones se hicieron efectivas en diferentes ONG´s, multitud de programas, conciertos y todo tipo de espectáculos y reuniones se organizaron para recaudar dinero.
Es algo que aún sigue ocurriendo, en Davos, Suiza, en Enero de 2005, el presidente de Tanzania Benjamín Mkapa explica que cerca de un millón de niños mueren anualmente de malaria porque no tienen mosquiteras que cuestan cuatro dólares. Sharon Stone, que está entre el público, pide la palabra y afirma estar conmovida, inmediatamente realiza una donación y pide que todo el que pueda también la haga. Se recaudaron miles de dólares que fueron a parar a la compra de las mosquiteras. Más tarde en un estudio sobre la utilización y destino de estos fondos se vio que la gran mayoría fueron robadas en las aduanas y las que pasaron acabaron en el mercado negro, algunas como vestidos de novia, ya que su valor las hacia ser cambiadas por comida, lo que realmente necesitaba la población.
Xavier Sala en un artículo publicado en el periódico La Vanguardia, señalaba, haciéndose eco de ello, que la ayuda al desarrollo es contraproducente ya que fomenta la corrupción, causa dependencia y hace que los jóvenes más talentosos se dediquen a la burocracia y no a actividades productivas. Y no le falta razón, ya que el problema no solo es que el dinero recaudado por Sharon Stone se hubiera malgastado o hubiera perjudicado a los tanzanos, el problema es que como ocurre en todas las ONGs, y organismos internacionales, pretenden imponer sus soluciones a lo que ellos creen que son los problemas de los pobres, pero que lo que sucede realmente es que se dedican miles de millones a abordar problemas innecesarios, porque no se pregunta, o no se tiene en cuenta a la población que es la que sufre, no lo que dicen necesitar las autoridades de estos países, pues los fondos acabaran en el mejor de los casos en la construcción de infraestructuras innecesarias encargadas a constructoras de amigos o propiedad de los mismos gobernantes, es necesario implantar procedimientos para que sean los afectados los que digan que es lo que realmente necesitan.
Aunque parezca mentira, la humanidad, como señala Xavier Sala, no tiene ni las instituciones ni la metodología para establecer cuales son estos problemas que afectan realmente a la población, ni para plantear las prioridades sobre las que es más urgente actuar, las consecuencias son que miles de millones se malgastan cada año mientras docenas de asuntos importantes siguen sin solución. Parece necesario pues, el establecimiento de un sistema de detección real de los problemas, de priorización racional y sistemático, parece también hora de que abandonemos el sistema que deja las decisiones en manos de los caprichos de los ricos y de los sentimientos de culpabilidad, o de la buena voluntad de la gente que siente consternada por lo que sucede en el mundo, y sobre todo fuera de los intereses espurios y corruptos de muchos de los gobernantes de estos países. Cabría además preguntarse, como lo hizo la profesora Helena Bejar en su libro El mal samaritano (2001), que es lo que sostiene la filantropía, si es altruista, egoísta o una mezcla de las dos. Parece que hoy por hoy tiene más prensa el altruismo recíproco, que significa que nos preocupamos por los demás siempre que obtengamos algo a cambio, por lo menos que esa ayuda que ofrecemos nos haga sentir bien.
Como hemos visto, es imprescindible tener una buena información de lo que sucede en estos países, Xavier Giró, explica de forma muy clara como es la información sobre los países del Sur en los medios del norte. Los grandes agencias se reparten las distintas zonas del mundo EFE América del Norte, France Press África y Reuters Europa, y son ellas las que marcan las agendas, son las que dicen de que se habla, por supuesto en función de intereses empresariales en cada zona, monopolizan la información lo que tiene como consecuencia una menor pluralidad en las informaciones que llegan sobre política internacional.
Entmann periodista y sociólogo en uno de los más interesantes escritos sobre medios e información internacional, también habla de que los medios son empresas que tienen un acceso a la información que se encuentra filtrada por las élites políticas de los países, las ONGs etc.… en un modelo de filtro en cascada, de escalones., unos filtros que deforman, manipulan o sirven para trasladar sus propios intereses a la hora de informar. Una de sus tesis es que más que información y opinión pública, lo que hay es ignorancia compartida.
En este sentido, Martínez Pandiani, en su texto la Televisión y la Audiovisualización de las Relaciones internacionales (2006), analiza el impacto en las relaciones internacionales, en la Diplomacia y la opinión pública de la emergencia de los medios de comunicación globales como la CNN. Sin duda estas agencias globales producen grandes efectos sobre la opinión pública y las relaciones internacionales, ya que difunden visiones hegemónicas por eso después de la CNN, han ido apareciendo otras grandes agencias con el objetivo de contrarrestar la visión americana, haciendo muchas veces la labor de contra propagada.
La política de transferencias de población que llevó a cabo el gobierno de Etiopía, es un buen ejemplo de lo que ocurre en el mundo, y de cómo se manipula la información, es el más grave problema ético al que se enfrentan desde el principio las organizaciones humanitarias que trabajan en este país, son consciente de este gran problema y de sus consecuencias pero o bien creen que con su presencia puede influir en la política del país, o miran para otro lado y hacen que no ven el problema o simplemente se dedican a cooperar en nombre de los grandes principios humanitarios o de sus propios intereses.
El miedo a las represalias, que pueden provocar todo tipo de consecuencias entre ellas la expulsión del país, hace que las organizaciones humanitarias que se encuentran en este tipo de situaciones se mantengan en silencio convirtiéndose en cómplices de los abusos que allí se dan. Pero además este silencio tiene otras causas, su alto profesionalismo hace que los empleados de estas organizaciones estén muy bien pagados, y claro muchos no están dispuestos a perder su sustento y su posición dentro de la organización, enfrentándose a las autoridades jugándose su carrera profesional.
Resulta mucho peor el silencio o la complicidad de las grandes organizaciones o instituciones occidentales, que toman sus decisiones de miles de millones de ayuda, desde sus cómodos asientos. Son capaces de seguir enviando dinero como la UE, mientras por otro lado condenan las violaciones a los derechos fundamentales, como los traslados forzosos de población de Etiopía, llevados a cabo por parte del gobierno socialista.
Bueno, con clara exposición del problema y las conclusiones a sacar.
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Muchas gracias por leer y comentar, celebro que te guste y que sirva para que todos reflexionemos
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